Cualquiera puede inventar una estrategia que gane uno o dos meses. Basta con ajustar las reglas al periodo que se mira hasta que la curva salga perfecta. Hay estrategias que presumen un 99 % de acierto sin gestión del riesgo, sin un ratio claro, sin parámetros definidos y sin un backtesting que alguien pueda revisar.
Eso no es una ventaja: es sobreajuste. Funciona en el pasado que la creó y se rompe en cuanto el mercado cambia de carácter. La estrategia que gana como la lotería durante tres meses es una muestra pequeña, y tarde o temprano entra en una mala racha.
Lo difícil, y lo que de verdad importa, es la robustez: que la estrategia aguante años distintos, mercados lentos y rápidos, tendencias y rangos. Cuando buscas robustez, la estrategia se topa con la realidad.
Por eso FGI no es una estrategia sino un sistema: varias estrategias para escenarios distintos, reglas claras para decidir cuál toca hoy y una gestión del riesgo que sobrevive a las rachas malas.
Y un método para mejorar sin engañarse: una idea solo entra si mejora años que no vio cuando se diseñó. El sistema estudia el mercado desde 2019, y la mayoría de las ideas no pasan esa prueba.